El seleccionador de Chile repasa la evolución del equipo, el momento del futsal mundial y los desafíos que vienen para consolidar al país entre las grandes potencias
- Llevas varios años al frente de la selección chilena. Mirando atrás, ¿de qué evolución del equipo te sientes más orgulloso?
Del crecimiento de los deportistas, sin duda. Chile dejó de ser una selección que solo participaba para convertirse, con el paso de los años, en la que más puestos mejoró en el ranking FIFA, ascendiendo hasta 31 posiciones. Ese progreso se sostiene en hechos concretos: le ganamos por primera vez a selecciones como Argentina, Colombia y Paraguay, vencimos a Rusia en una ventana internacional y asumimos compromisos totalmente aceptables frente al combinado marroquí. Son selecciones con experiencias y realidades muy distintas a la nuestra, pero demostramos que, trabajando con compromiso y responsabilidad, las diferencias se pueden achicar.
- Chile está cada vez más presente en el panorama internacional. ¿Qué pasos consideras fundamentales para que la selección siga compitiendo de tú a tú con las grandes potencias?
Creo que el mercado de jugadores chilenos se está abriendo poco a poco hacia países con ligas profesionales: España, Italia, Argentina, Polonia, Hungría, y hace poco un sub-20 que fichó por la liga portuguesa. Este punto es clave, porque la experiencia diaria de los deportistas empieza a crecer al competir en entornos más exigentes. Por otro lado, la firma de un convenio entre la Federación de Fútbol y el Instituto Nacional del Deporte permitió entrenar en instalaciones acordes al alto rendimiento, un hito importante para el desarrollo de las selecciones nacionales. Lamentablemente, la liga local tardará más tiempo en crecer en competitividad y profesionalismo, sobre todo porque todavía no existen torneos de base para las categorías de 12 a 16 años.
- Estamos viviendo un momento de mucho crecimiento para el fútbol sala. Desde tu punto de vista, ¿qué tendencias o cambios están marcando el juego actual?
Hace poco estuve en Portugal, donde tuve la oportunidad de presenciar entrenamientos del primer equipo del Benfica y ver partidos de la liga local. Ahí pude comprobar de cerca una tendencia que me parece especialmente relevante: el adelantamiento del portero-jugador y su participación activa en la construcción del juego. Creo que es una de las líneas que están marcando el futsal moderno.
- Como entrenador, ¿qué importancia tiene construir una identidad de juego por encima de los resultados a corto plazo?
Mucha, es fundamental. La identidad es lo que nos representa como equipo: cómo competimos, de qué manera lo hacemos, qué nos sostiene y hacia dónde vamos. Sin esa identidad no podemos transmitir nada; un equipo sin identidad no contagia, y eso, al menos para mí, es una verdadera decepción. Los resultados van y vienen, pero la identidad es lo que perdura y lo que permite construir un proyecto sólido a largo plazo.
- Para terminar, ¿qué objetivos te marcas tanto a nivel personal como deportivo?
A nivel personal, siempre superarme: encontrar desafíos competitivos que me mantengan la misma ambición que me hizo elegir esta profesión hace ya 17 años.











