Gema Martín, psicóloga deportiva con experiencia en grandes clubs del fútbol español, valora las claves del aspecto mental en el deporte de élite
- El mundo del deporte puede estar conociendo el verdadero poder mental en el rendimiento del deportista. ¿Cómo se trabaja esta vertiente en el deporte de élite?
La salud mental es un pilar fundamental del rendimiento deportivo y se trabaja desde varios enfoques: la gestión de la presión y el estrés, la mejora de la concentración, la regulación emocional, la construcción de una mentalidad ganadora y la capacidad de sobreponerse a la adversidad.
En el deporte de élite, esto se traduce en entrenamientos psicológicos personalizados, estrategias para el manejo de emociones y desarrollo de habilidades como la resiliencia y la autoconfianza. Un futbolista con una mente fuerte toma mejores decisiones en el campo y rinde con mayor estabilidad.
La salud mental se aborda desde una perspectiva multidisciplinaria, combinando la labor de psicólogos deportivos, entrenadores y otros profesionales.
Algunas herramientas clave de la salud mental en el deporte son: la evaluación psicológica, que permite identificar fortalezas y áreas de mejora en las habilidades mentales de cada deportista; la intervención individualizada, mediante la cual se diseñan planes de trabajo personalizados según las necesidades específicas de cada deportista; el entrenamiento mental, que abarca técnicas como la relajación, la visualización, el diálogo interno positivo y el manejo emocional para optimizar el rendimiento. Además, en casos específicos, la terapia psicológica es fundamental para abordar problemas más profundos como la ansiedad o la depresión. Por último, el trabajo en equipo resulta esencial para fomentar un entorno de apoyo donde los deportistas puedan expresar sus preocupaciones y emociones, fortaleciendo así su bienestar emocional y su desempeño en la competición.
- ¿Por qué es importante reconocer y asumir episodios de estrés, ansiedad o depresión en los deportistas?
Reconocer el problema es el primer paso para solucionarlo. En el fútbol y otros deportes de alto rendimiento, la presión constante puede generar ansiedad o depresión, y ocultar estos síntomas solo agrava la situación. Aceptarlo permite al jugador buscar ayuda, desarrollar herramientas para su recuperación y mejorar su bienestar general, lo que se traduce en un mejor rendimiento deportivo.
Es clave normalizar estos episodios dentro del deporte profesional para reducir el estigma y fomentar un entorno de apoyo. El proceso de recuperación implica comprender las emociones, identificando y aceptando los síntomas para abordarlos de manera efectiva; desarrollar estrategias de afrontamiento, aprendiendo técnicas para gestionar el estrés, la ansiedad y la frustración; y adoptar hábitos saludables, como una buena alimentación, y/o el descanso adecuado, que contribuyen a una recuperación integral.
Un futbolista que asume estos episodios y trabaja en su bienestar mental no solo mejora su calidad de vida, sino también fortalece su capacidad para competir al más alto nivel.
- ¿Cómo influye la salud mental en la recuperación de una lesión de larga duración?
La salud mental juega un papel fundamental en la recuperación de una lesión, ya que no solo afecta físicamente, sino también emocionalmente. La frustración, el miedo a no volver al mismo nivel y la impaciencia pueden ralentizar el proceso de recuperación y afectar a la confianza del deportista.
Trabajar “la mente” durante este periodo permite reducir el estrés y la ansiedad, mantener una actitud positiva ante la incertidumbre y establecer estrategias para gestionar la frustración. También es clave para mantener la motivación, fijando metas realistas y celebrando pequeños avances que favorezcan la adherencia al tratamiento. Además, una mentalidad optimista y comprometida influye positivamente en la rehabilitación, ayudando al deportista a acelerar su recuperación física y a regresar a la competición con mayor confianza.
- ¿Qué herramientas pueden ayudar a los deportistas a afrontar una lesión de larga duración?
Existen diversas herramientas que pueden ayudar a los deportistas a afrontar las dificultades emocionales derivadas de una lesión. El apoyo psicológico es fundamental para trabajar la frustración y la incertidumbre, ya que un psicólogo deportivo puede ayudar a desarrollar estrategias de afrontamiento. La red de apoyo social también juega un papel clave, ya que contar con familiares, amigos, entrenadores y compañeros que comprendan la situación puede marcar la diferencia en el estado anímico del deportista.
Las técnicas de relajación, como el mindfulness, la respiración profunda o el yoga, pueden contribuir a reducir el estrés y la ansiedad. La visualización es otra herramienta efectiva, permitiendo al deportista imaginar su proceso de recuperación y su regreso a la competición con confianza. Establecer metas a corto y largo plazo ayuda a mantener la motivación, brindando una sensación de progreso continuo. Además, encontrar actividades alternativas que mantengan al deportista activo mentalmente, como la lectura, el aprendizaje o el análisis táctico, puede ser clave para sobrellevar este periodo.
- ¿Existe un tiempo determinado de recuperación para la ansiedad, el estrés o la depresión en el deporte?
Me gustaría decir que sí, pero no hay un tiempo fijo de recuperación, ya que cada deportista es diferente. Factores como la personalidad, la gravedad de los síntomas, el entorno o la predisposición a buscar ayuda influyen en la duración del proceso.
Lo más importante no es la rapidez con la que se supere un episodio de ansiedad, estrés o depresión, sino la calidad del proceso de recuperación. La prioridad debe centrarse en implementar estrategias adecuadas que permitan al deportista volver a un estado óptimo de bienestar mental.
- ¿Cuál es el papel del psicólogo deportivo en el desarrollo de un deportista o un equipo?
El psicólogo deportivo puede ser una pieza clave en el equipo, ya que su labor no solo se centra en mejorar el rendimiento, sino también en el bienestar integral del deportista. Su trabajo incluye el desarrollo de habilidades mentales como la concentración, la confianza, la resiliencia o el manejo de emociones, ayudando a los deportistas a alcanzar su máximo potencial desde el punto mental y emocional. Además, en el caso de los deportes colectivos, fomenta la cohesión del equipo a través de estrategias que mejoran la comunicación, la confianza y el trabajo en equipo.
También juega un papel crucial en la prevención y el tratamiento de problemas psicológicos como el estrés, la ansiedad o la depresión, asegurando que los deportistas cuenten con un entorno de apoyo adecuado para su desarrollo deportivo y personal.
- ¿Los deportes individuales requieren más fortaleza mental que los deportes colectivos?
No necesariamente. En los deportes individuales, la presión recae totalmente en el deportista, lo que puede requerir una gran fortaleza mental. Sin embargo, en los deportes colectivos, además de la presión individual, se deben gestionar aspectos como la dinámica del grupo, la competencia interna y la interacción con compañeros y cuerpo técnico.
Al final cada modalidad tiene sus propios desafíos mentales, ya sea individual o colectiva. En los deportes individuales, el deportista depende únicamente de sí mismo y debe ser capaz de manejar la presión, la soledad en la pista y la autoexigencia. Mientras que como he dicho anteriormente, en los deportes colectivos, es fundamental adaptarse al grupo, comunicarse de manera efectiva, gestionar conflictos y trabajar en equipo para alcanzar objetivos comunes.
La conclusión es que ambos tipos de deportes demandan un alto nivel de fortaleza mental, aunque de formas distintas.
- ¿Cómo influye el trabajo en equipo en la salud mental del deportista?
El equipo puede ser un gran apoyo mental, ya que aporta un sentido de pertenencia y motivación compartida, lo que ayuda a afrontar momentos difíciles. La dinámica grupal favorece el apoyo social, permitiendo que el deportista se sienta arropado por sus compañeros y reduciendo el estrés y la ansiedad. Además, compartir una identidad y unos objetivos comunes refuerza la motivación y el compromiso con el entrenamiento y la competición.
El trabajo en equipo también es una fuente de aprendizaje, ya que el deportista puede mejorar tanto a nivel técnico como mental a través de la interacción con sus compañeros. Además, fomenta el desarrollo de habilidades sociales clave, como la comunicación, la cooperación y el respeto mutuo. Sin embargo, la dinámica grupal también puede generar desafíos, como la gestión de roles o la competencia interna, por lo que es fundamental trabajar estos aspectos para fortalecer la cohesión y maximizar el rendimiento tanto individual como colectivo.











